domingo, 22 de octubre de 2017
lunes, 21 de agosto de 2017
INDIVIDUO VEGETAL
Goethe veía a la planta como un órgano fundamental que se transforma gradualmente, según una escala espiritual, desde la semilla hasta el fruto.
Proceso de crecimiento,
los brotes y nudos se suceden uno tras otro
los brotes y nudos se suceden uno tras otro
y en cada uno se inserta una hoja...
...vemos el tallo súbitamente alargado y adelgazado y en su último extremo reúne varias hojas alrededor de un eje, se está formando el cáliz.
Dentro del cáliz se está formando la flor.
Cuando está preparada se va abriendo y dando paso a la corola, colorida de pétalos sedosos.
Al principio forman un capullo y luego se abren .
e.
Símbolo de perfección, armonía, belleza y equilibrio.
Los frutos de la penta-rosa, rosa de cinco pétalos, son salutíferos, son para ser comidos por el ser humano. (manzanas, peras, ciruelas, cerezas, membrillos, melocotones, etc...).
Son un regalo de la Naturaleza.
Los estambres y piscilo se desarrollan y los pétalos pierden vitalidad y caen.
El fruto comienza a formarse.
Así nace el germen de una nueva planta.
La gran expansión que realiza la planta es el fruto.
Es una forma muy grande, por no decir enorme.
La semilla dentro se va formando y nutriendo.
Es una forma muy grande, por no decir enorme.
La semilla dentro se va formando y nutriendo.
El fruto madura después de todo el verano al sol...y cae a tierra después.
Las semillas del interior del fruto están protegidas por diferentes envolturas para que pueda brotar una nueva vida en la primavera siguiente.
Envolturas que la Naturaleza crea para encerrar sus semillas durante el invierno.
Máximo grado de concentración y conformación interior.
Una vez afianzada la raíz en el suelo...
la planta saca a la luz los primeros órganos de su crecimiento superior que ya estaban presentes en forma oculta bajo la cubierta de la semilla.
Estos primeros órganos se conocen con el nombre de cotiledones.
El pequeño tallo se irá alargando y formando nodios y hojas...
y volvemos a empezar.
viernes, 19 de mayo de 2017
EL REY RANA
En aquellos remotos tiempos, en que bastaba desear una cosa para tenerla, vivía un rey que tenía unas hijas lindísimas, especialmente la menor, la cual era tan hermosa que el Sol, que tantas cosas había visto, se maravillaba cada vez que sus rayos se posaban en el rostro de la muchacha.
Junto al palacio real se extendía un bosque grande y oscuro, y en él, bajo un viejo tilo, fluía un manantial. En las horas de más calor, la princesita solía ir al bosque y sentarse a la orilla de la fuente.
Cuando se aburría, se ponía a jugar con una pelota, en lugar de caer en la manita que la niña tenía levantada, lo hizo en el suelo y, rodando, fue a parar dentro del agua. La princesita la siguió con la mirada, pero la pelota desapareció, pues el manantial era tan profundo, tan profundo, que no se podía ver el fondo. La niña se echó a llorar; y lo hacía cada vez más fuerte, sin poder consolarse, cuando en medio de sus lamentaciones, oyó una voz que decía:
-¿Qué ocurre princesita? ¡Lloras como para ablandar las piedras!
La niña miró en torno suyo, buscando la procedencia de aquella voz, y descubrió una rana que asomaba su gruesa y fea cabezota por la superficie del agua....
Hermanos Grimm
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